-No fue a propósito, lo juro, yo no quería que fuera así, la pensé muchas veces y sabía que no tenía que hacerlo, pero fue un accidente, de esas cosas que uno no planea. ¿Cómo crees que fue adrede?
No te voy a mentir, en ciertas ocasiones estuve a punto de hacerlo por gusto, porque si te pones a pensarle, la idea es exquisitamente encantadora?
Ok, perdón, sí es muy triste. Pero es que, es hasta obvio que finalmente, después de todas las cosas qué pasaron, la historia terminará así, sin más, con el amargo desenlace. Lloramos demasiado Luis. Bueno, yo lloré más. Pero es que no era para menos.
-Y no lo niegues, tú también sufriste mucho, varias veces se te dibujo una sonrisa cuándo sabías de esa extraña enfermedad. Quisiste que ella acabara con todo, antes de que lo tuvieras que hacer con tus propias manos.
Pero te juro, que a pesar de esto, no fue mi intención, yo no quería que pasará, ya sé, te has de estar preguntando, porqué a ti y a mi no nos pasó nada.
¿Qué casualidad no?
Pues sí, aunque te cueste trabajo, no tengo idea de porqué los dos estamos bien, me imagino que por que estabas adentro del salón. Y porque yo corrí tan rápido que no me alcanzaron.
-¿Es que, porqué los soltaste?, ya sabías que todo iba acabar?
-Yo no los solté, Luis. Bueno, no adrede. Más bien fue algo así como una necesidad.
-Y ahora, qué sigue, qué vamos hacer, ni siquiera podemos sentirnos culpables. No hay con quien.
-Pues entonces lo gozaremos un poquito.
-No, yo no creo que ellos, a los que soltaste, se hayan desaparecido por completo, estoy seguro que andan por ahí, buscando carne.
-¿Tú crees que se comieron a todos, para llevarlos a su fascinante mundo?
-No sé, Bertita, no sé? sigo pensando en que sólo quedamos tu y yo?
-Por eso dame un abrazo, en vez de verme cómo la mala del cuento.
-Eres la mala del cuento.
-Pero si por fin podemos decir ?Al fin solo?, jajaja.
-Lo vez, estás rara.
-Dame un beso Luis.
-No Berta, tengo miedo.
-No temas, por algo pasan las cosas, ya era hora de acabar con un poquito de todo esto, era mucho sufrir.