Esperé
Te esperé los mil años que me pediste... estuve sentada, tal cual Penelope, pero sin vestido de domingo, voltee como loca hacia todos lados, tanto que si los hijos idiotas de Mazzini-Ferran me hubieran visto reflejada en los cientos de días asoleados, me hubieran degollado como a Bertita...
Me fue díficil no recrear decenas de escenas sangrientas de mis cuentos favoritos de terror. Al tiempo que te imaginaba posado desnudo en mi cama sin sábanas...
recordé frases estúpidas, pero que sólo tu y yo les pudimos encontrar sentido, y me reía sonrojada frente al mundo.
Mientras los segundos se posaban en mis hombros, esperándote, ví pasar gente extrañamente familiar, te reconocí en cada cuerpo, en cada cabello, y hasta en cada aliento... me paraba y los saludaba con tanta naturalidad, que parecía que hubiera dormido con ellos, o cómo si acabara de compartir un cafecito de peatones...
Pero es que eras tú, tú el niño, la señora, el perrito y tú el viejito...
Soñé despierta bajo las lunas, jugué a dibujar el conejo con mi índice sobre el aire, la angustía se me hacía un planeta, y por supuesto la padecí sin ti... y sin mi.

1 Comments:
Bien, va de nuevo el comment.
Es como ese talismán que tienes en el puño cerrado que te ha salvado la vida, o te ha vuelto millonario, o de plano protegió el amor que tanto quieres. Es como eso que te traes del sueño hasta el último instante de la realidad. Despiertas, en tu mano no hay nada, sólo en tu memoria atrofiada, un recuerdo.
Te decía que saltaste desde la mítica Penélope hasta la cretina familia Mazzini-Ferraz, de una manera en que recurres a la otredad. La historia es un pretexto, como cuando la historia es un pretexto en la vida real. El texto está forjado desde una interioridad (no ha de existir esa palabra, pero asumo la licencia de Ismael Mercado)para batirse en un duelo de la exterioridad (otra vez). Hay un constante hilvanar de espacio cerrado y abierto. Un corazón descarapelado porque está a punto de amanecer y despertar, cuerpos que no son el cuerpo pero que lo aparentan, en medio de una cama sin alientos.
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