agonía desletrada

un espacio para aquellos que la productividad laboral nos ha arrancado las letras del tacto

martes, junio 21, 2005

las 2:77 am

Estuve escribiendo en mi libreta las 2:77 AM cientos de veces, como si a esa hora algo fuera a ocurrir. Como si en ese preciso instante pasara algo, es más como si esa hora existiera.
Son las 2:77 me decía una voz, ya es tiempo, despierta, despierta Marcela, que ya son las 2:77 de la mañana.
Abrí lentamente los hojos, para mirar el reloj despertador como todos los días, y no podía creer que esos chillantes números rojos, expresarán las 2:77 de la madrugada.
Por eso estoy aquí escribiendo sin parar dicha hora en mi librera... sólo queda esperar que ese instante se vuelva a repetir, y entonces sí no estaré adormilada, porque cuando den las 2:77 am, abriré mis brazos sigilosamente, para que un golpe sorpresivo pueda atrapar en mis manos la hora exacta, tal como a una luciérnaga.

lunes, junio 20, 2005

No fue adrede

-No fue a propósito, lo juro, yo no quería que fuera así, la pensé muchas veces y sabía que no tenía que hacerlo, pero fue un accidente, de esas cosas que uno no planea. ¿Cómo crees que fue adrede?
No te voy a mentir, en ciertas ocasiones estuve a punto de hacerlo por gusto, porque si te pones a pensarle, la idea es exquisitamente encantadora?
Ok, perdón, sí es muy triste. Pero es que, es hasta obvio que finalmente, después de todas las cosas qué pasaron, la historia terminará así, sin más, con el amargo desenlace. Lloramos demasiado Luis. Bueno, yo lloré más. Pero es que no era para menos.

-Y no lo niegues, tú también sufriste mucho, varias veces se te dibujo una sonrisa cuándo sabías de esa extraña enfermedad. Quisiste que ella acabara con todo, antes de que lo tuvieras que hacer con tus propias manos.
Pero te juro, que a pesar de esto, no fue mi intención, yo no quería que pasará, ya sé, te has de estar preguntando, porqué a ti y a mi no nos pasó nada.
¿Qué casualidad no?
Pues sí, aunque te cueste trabajo, no tengo idea de porqué los dos estamos bien, me imagino que por que estabas adentro del salón. Y porque yo corrí tan rápido que no me alcanzaron.

-¿Es que, porqué los soltaste?, ya sabías que todo iba acabar?
-Yo no los solté, Luis. Bueno, no adrede. Más bien fue algo así como una necesidad.
-Y ahora, qué sigue, qué vamos hacer, ni siquiera podemos sentirnos culpables. No hay con quien.
-Pues entonces lo gozaremos un poquito.
-No, yo no creo que ellos, a los que soltaste, se hayan desaparecido por completo, estoy seguro que andan por ahí, buscando carne.
-¿Tú crees que se comieron a todos, para llevarlos a su fascinante mundo?
-No sé, Bertita, no sé? sigo pensando en que sólo quedamos tu y yo?
-Por eso dame un abrazo, en vez de verme cómo la mala del cuento.
-Eres la mala del cuento.
-Pero si por fin podemos decir ?Al fin solo?, jajaja.
-Lo vez, estás rara.
-Dame un beso Luis.
-No Berta, tengo miedo.
-No temas, por algo pasan las cosas, ya era hora de acabar con un poquito de todo esto, era mucho sufrir.

sábado, junio 11, 2005

Esperé

Te esperé los mil años que me pediste... estuve sentada, tal cual Penelope, pero sin vestido de domingo, voltee como loca hacia todos lados, tanto que si los hijos idiotas de Mazzini-Ferran me hubieran visto reflejada en los cientos de días asoleados, me hubieran degollado como a Bertita...

Me fue díficil no recrear decenas de escenas sangrientas de mis cuentos favoritos de terror. Al tiempo que te imaginaba posado desnudo en mi cama sin sábanas...
recordé frases estúpidas, pero que sólo tu y yo les pudimos encontrar sentido, y me reía sonrojada frente al mundo.

Mientras los segundos se posaban en mis hombros, esperándote, ví pasar gente extrañamente familiar, te reconocí en cada cuerpo, en cada cabello, y hasta en cada aliento... me paraba y los saludaba con tanta naturalidad, que parecía que hubiera dormido con ellos, o cómo si acabara de compartir un cafecito de peatones...
Pero es que eras tú, tú el niño, la señora, el perrito y tú el viejito...

Soñé despierta bajo las lunas, jugué a dibujar el conejo con mi índice sobre el aire, la angustía se me hacía un planeta, y por supuesto la padecí sin ti... y sin mi.